Después de Mi papá y Mi mamá, A. Browne dedica un álbum a
su hermano quien, además de ser un artista con la
patineta y un futbolista privilegiado, puede escribir
historias fantásticas y cantar y bailar como el más
alocado de los roqueros. Fuerte, valiente, ingenioso y
con un refinado gusto para la moda, éste es el hermano
perfecto pues gracias a todas sus cualidades él es el
mejor amigo del mundo.